Declaración de la Coordinadora Guevarista Internacionalista

Ante la agresión imperialista contra Venezuela, con la complicidad de la cúpula chavista

Para enfrentar realmente el auge de la agresión imperialista contra los pueblos el único camino sigue siendo la revolución socialista

El pasado 3 de enero se produjo un ataque militar por parte de las fuerzas armadas de EEUU sobre Venezuela. En dicho ataque se bombardearon varios objetivos militares y civiles del país provocando un centenar de muertos, pero lo más notorio fue el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, que fue llevado detenido a EEUU, tratado como un delincuente común que estuviera bajo la jurisdicción de la ley de ese país.

Constituye esto un salto de calidad en los niveles de la agresión del imperialismo norteamericano contra los pueblos latinoamericanos, que no tiene un antecedente similar desde la invasión a Panamá en 1989, con el secuestro de su entonces presidente, también un 3 de enero, pero de 1990.

 

Este hecho constituye una enorme humillación, no solo para el pueblo venezolano, sino para todos los pueblos latinoamericanos y para el conjunto de los pueblos oprimidos.

 

La burguesía imperialista demuestra una vez más que no se ata nunca a una sola forma de lucha, a una sola forma de ejercer su dominio sobre el conjunto de la humanidad, que no duda ni un instante en recurrir a la violencia abiertamente, que no se limita en lo más mínimo por la legalidad que ella misma ha creado, ya sea la legalidad de cada país o la legalidad internacional.

 

En una época histórica donde EEUU retrocede en su rol de potencia imperialista hegemónica, ante el avance de la potencia imperialista en ascenso, China, aumentan constantemente los niveles de explotación contra los pueblos, tanto por una como por la otra.

 

En este contexto EEUU intenta reafirmar su dominio casi total sobre su zona de influencia más cercana, Latinoamérica, su patio trasero, y lo hace recurriendo a todo tipo de recursos y formas de intervención para intentar cortar, o al menos limitar, la creciente influencia China en sectores estratégicos de la región.

 

En este accionar el gobierno de EEUU cuenta con el apoyo de las burguesías locales, asociadas desde hace muchísimo tiempo a los grandes capitales imperialistas, y de sus expresiones políticas, ya sea las de derecha tradicional, como las que adoptan la forma de los progresismos para aplastar las capacidades de resistencia, de lucha y de organización de las masas populares.

 

El recambio impuesto por el imperialismo yanqui en el gobierno de Venezuela contó con la complicidad de los sectores más importantes dentro del propio chavismo, que son precisamente los que siguen gobernando. Desde el mismo día de la acción militar norteamericana contra Venezuela, el gobierno de EEUU afirmó claramente que contaba con la cooperación de la estructura chavista que iba a continuar gobernando, ya que era la única con capacidad real de mantener el orden en el país, a fin de asegurar el mantenimiento de la explotación del pueblo venezolano y el cambio de políticas que el gobierno de Trump exige.

La declaraciones y medidas tomadas por el gobierno chavista ahora encabezado por Delcy Rodriguez, reafirman esa voluntad de cooperar con el gobierno de EEUU, a cambio de mantener el control del gobierno y todos sus privilegios.

 

Se trata de un hecho con la capacidad de mostrar claramente el final del ciclo completo del proceso chavista, un proceso que se instala en un contexto de enormes luchas populares, no para impulsarlas y llevarlas a romper el sometimiento al imperialismo, sino para re encauzarlas dentro de los límites que el capitalismo tolera. Un proceso chavista que se apoyó, igual que el conjunto de los procesos progresistas establecidos en la región durante la primera década de este siglo, en el auge de los precios de las materias primas, en este caso del petróleo, para generar enormes ganancias para los grandes capitalistas asociados al gobierno, que generó en esos primeros años mejoras en las condiciones de vida de las masas populares con las sobras de esas ganancias extraordinarias, pero que en esencia reafirmo y profundizó al carácter primarizado de la economía del país, dependiente totalmente de las exportaciones petroleras.

Cuando el momento de auge de los precios de las materias primas pasó, el chavismo, al igual que todos los demás gobiernos progres recurrió al endeudamiento y al empeoramiento de las condiciones de vida de las masas a fin de garantizar las ganancias de los grandes capitalistas. En el caso venezolano este proceso llevó a una profunda crisis económica y social, con un aumento brutal de la pobreza, con el exilio de millones de personas y obviamente con un profundo descrédito del gobierno entre la población.

Sin embargo, con el control de las FFAA y de los principales recursos de la economía y de la vida social, los altos cargos del chavismo se han asegurado mantenerse en el poder durante todos estos años.

Ahora dan muestra de su capacidad de adaptación una vez más, el recambio en la cabeza visible del gobierno ha permitido al conjunto del círculo de poder mantenerse gobernando, ahora en un proceso de alejamiento de China, buscando establecerse como aliados confiables del gobierno de los EEUU.

Por supuesto que para el pueblo venezolano esto solo puede significar un mayor endurecimiento de sus condiciones de vida, un aumento del saqueo de sus recursos y de los niveles de explotación de sus trabajadores, todo en el marco de una humillación que quedará sin dudas marcada fuertemente en la memoria colectiva de ese pueblo.

 

Lo acontecido en Venezuela constituye, para todo el que no se cierre a verlo, una nueva confirmación, un nuevo ejemplo dolorosisimo de que la función histórica del progresismo es dejar a los pueblos explotados, atados de pies y manos, de rodillas, ante el verdugo imperialista.

 

 

 

-La creciente concentración del capital reafirma aun mas la contradicción entre imperialismo y pueblos oprimidos

 

El capitalismo no caerá solo. La burguesía deberá ser derrocada por la lucha popular encabezada por la clase obrera, una lucha larga y dolorosa. No hay atajos.

 

Como desde la CGI ya hemos desarrollado en diversos documentos, la actual situación económica, social y política a nivel mundial está pautada por los niveles cada vez más impresionantes de concentración del capital.

Un puñado de parásitos capitalistas controlan el conjunto de la economía mundial, cooperando entre ellos, por un lado, para reafirmar su dominio, en los aspectos en que existen coincidencias de sus intereses y, al mismo tiempo, compitiendo ferozmente entre sí para hegemonizar a todos los demás.

 

En esta etapa histórica, el eje de la acción de los diferentes grupos imperialistas pasa por la disputa por el control de los principales recursos naturales, por el control de los medios logísticos y rutas comerciales estratégicas, por el acceso preferencial a los mercados y por el control de la super explotación brutal a la que son sometidos los trabajadores.

 

En la división mundial del trabajo que ha establecido el imperialismo, la gran mayoría de los países tienen como función proveer algún tipo de materias primas, constituyendo economías primarizadas, mono productoras de uno o a lo sumo algunos pocos productos, con burguesías nacionales aliadas completamente a diferentes capitales imperialistas para explotar esos recursos, sometiendo al conjunto de sus pueblos a la pobreza más extrema, con condiciones de vida que se hacen más insoportables cada día.

Sea cual sea el gobierno de turno, la política va siempre en el sentido de garantizar el saqueo de los recursos y niveles cada vez mayores de explotación de la fuerza de trabajo de sus pueblos por parte de las potencias imperialistas.

 

Para garantizar esto, las diferentes facciones imperialistas recurren a cualquier medio necesario. Influir en elecciones para garantizarse gobiernos que le sean afines a tal o cual sector imperialista, deponer gobiernos mediante los más variados mecanismos para colocar otros más convenientes o, si les es más conveniente, impulsando el caos en determinados países, destruyendo estructuras de gobierno central, apoyando guerras internas interminables, como han hecho en Congo, Siria, y tantos otros países, para en ese caos explotar más convenientemente sus recursos.

 

El capitalismo en su fase imperialista somete al conjunto de los pueblos explotados a condiciones de vida cada vez más insoportables, genera cada día más miseria, hambre, guerras y penurias de todo tipo para la gran mayoría de la humanidad, todo para sostener una acumulación de riqueza inimaginable en manos de un puñado de parásitos.

 

 

 

- La disputa entre potencias imperialistas. EEUU potencia hegemónica en retroceso frente a China, potencia en ascenso

 

En este contexto, la situación actual a nivel mundial está pautada por la disputa inter imperialista entre EEUU y China.

Durante el siglo XX EEUU se constituyó en la potencia imperialista incontestablemente hegemónica y desde las últimas décadas de ese siglo, con la caída de la URSS, se constituyó en el poder completamente dominante, tanto a nivel económico, como político y militar a nivel mundial.

 

Sin embargo, también en ese período se ha producido un creciente proceso de desindustrialización de ese país, proceso que ya había comenzado bastante antes en realidad, donde los grandes capitales ya no solo se instalan en otros países para extraer materias primas, sino que también se generan enormes zonas industriales en otros países, donde las condiciones de acceso a recursos y sobre todo las condiciones de explotación de la clase obrera hacen mucho más rentable el proceso de producción capitalista.

Este proceso, que se ha agudizado enormemente en el actual siglo, ha ido socavando la base misma de la economía de EEUU, generando una situación crítica a nivel económico y social a nivel interno, y una situación a nivel internacional donde su dominio comenzó a ser cuestionado cada vez más abiertamente por China, la gran potencia imperialista emergente.

 

En la actualidad China compite de igual a igual, e incluso supera ampliamente en muchos aspectos a la capacidad de EEUU para controlar la economía mundial.

 

En lo que tiene que ver con la producción industrial, con el control de recursos naturales estratégicos, con los niveles de exportación de capitales, con el peso en el mercado financiero internacional, con la influencia económica y política sobre países en todas las zonas del mundo, con la generación de bloques de alianzas con potencias secundarias, la situación es de EEUU en retroceso y de China en ascenso.

 

La posición de retroceso estratégico de EEUU permite entender mejor el aumento de su agresividad. El gobierno norteamericano busca asegurar el control de recursos estratégicos, fuentes de energía, minerales estratégicos para la producción tecnológica, alimentos, control de nodos logísticos y rutas comerciales. Por eso su apoyo incondicional al estado sionista de Israel, uno de sus socios estratégicos en esa zona clave para el control de recursos energéticos y rutas comerciales como es el Medio Oriente, por eso su interés en el ártico, que lo lleva a enfrentarse abiertamente con sus propios socios de la OTAN por el control de Groenlandia, por ejemplo, por eso sus intentos de acercarse a Rusia, tratando de generar un contrapeso a la enorme influencia de China en ese país que posee enormes recursos naturales de todo tipo, y por eso su interés en reforzar a toda costa su hegemonía en latinoamérica, buscando eliminar o al menos limitar al máximo posible la influencia china en esta región.

En este sentido un elemento no menor es la defensa a ultranza del rol del dólar como moneda de intercambio a nivel mundial. Desde finales de la segunda guerra mundial en 1945, en un proceso que ha pasado por varias fases diferentes y que ha adoptado variadas formas, EEUU se ha asegurado que el resto del mundo utilice su moneda para la realización de todo tipo de transacciones comerciales. Exportaciones, importaciones, intercambios financieros de todo tipo, se han realizado durante todas estas décadas mayoritariamente en dólares, asegurando una demanda constante de esta moneda, lo que le ha garantizado a los gobiernos estadounidenses la posibilidad de endeudarse casi sin límites, financiando el consumo interno y el gasto estatal, al mismo tiempo que les ha asegurado la posición de dominio sobre las economías de los demás países.

La creciente influencia de China en la economía mundial también ha comenzado a cuestionar este aspecto de la hegemonía norteamericana y el gobierno de EEUU ha demostrado siempre estar dispuesto a actuar de la manera más decidida ante esto.

Ya en la década del 90 del siglo pasado, la invasión a Irak, derrocando a Sadam Husseim tuvo mucho que ver con el hecho de que ese presidente, sostenido por los propios EEUU durante años, generara acuerdos con la Unión Europea para comenzar a comerciar su petroleo en euros. Lo mismo pasó más recientemente con Muahamad Gadafi en Libia.

EEUU esta dispuesto a luchar de todas las formas necesarias para que los principales aspectos del comercio y las transacciones financieras a nivel internacional sigan realizándose en dólares.

 

El golpe de estado realizado en Venezuela por EEUU con la complicidad del chavismo tiene muchísimo que ver con este tema. Durante los primeros años del chavismo, el gobierno de Venezuela estableció acuerdos con China para la realización de préstamos de ese país, poniendo como garantía de los mismos las exportaciones de petroleo venezolano.

La gran potencia imperialista asiática corta el flujo de préstamos al chavismo a mediados de la década pasada, pero sigue siendo su principal comprador de petróleo y su principal acreedor.

El cambio de la cabeza visible del régimen chavista tiene como uno de los objetivos principales romper esa alianza con China. No es lo fundamental el control de la actual producción petrolera venezolana, que se encuentra en mínimos históricos y actualmente tiene poco peso en el mercado internacional, sino que el objetivo es garantizar el sometimiento estratégico, de largo plazo ante EEUU, haciendo que las reservas petroleras venezolanas, que están entre las mayores del mundo, sirvan como respaldo del valor del dólar como moneda de intercambio en ese comercio energético que es fundamental en la economía mundial.

 

Obviamente que estas disputas por la hegemonía no se limitan al terreno económico y diplomático, sino que también se extienden en el terreno militar.

 

Lejos de estar ante una guerra abierta entre las dos grandes potencias imperialistas, la disputa a nivel militar se establece en forma indirecta, en terceros países, haciendo también en este terreno que lo peor de las disputas de rapiña inter imperialista recaiga sobre los pueblos de los países oprimidos, sobre la gran mayoría de la población mundial que vive en las condiciones de miseria más extrema.

 

La agresión militar de EEUU contra Venezuela, el recambio de gobierno dispuesto por el gobierno de Trump con la complicidad de al menos el sector más poderoso del chavismo, tiene que entenderse en este contexto.

 

 

- EEUU reafirma su política de patio trasero sobre América Latina, en el marco de una situación económica, social y política sumamente crítica a nivel interno.

 

La situación interna de EEUU se ha venido deteriorando desde hace décadas.

El proceso de deslocalización industrial llevó a que la producción industrial interna disminuyera enormemente, más de 91,000 plantas manufactureras cerraron en EE.UU. desde 1997 hasta 2022. Esto, sumado al aumento de los niveles de explotación de la fuerza de trabajo llevo a la perdida de millones de empleos en ese sector, más de 5 millones de puestos de trabajo perdidos en la década de los 2000. El peso de la industria manufacturera, como porcentaje del PIB estadounidense, ha disminuido. En 1970, el sector representaba alrededor del 24% de la economía estadounidense; para 2023, representaba menos del 11%.

Este proceso ha generado enormes efectos económicos y sociales. Fuertes retrocesos en la calidad de los empleos y en los salarios, lo que a su vez ha llevado a un enorme crecimiento del nivel de endeudamiento de la población para mantener ciertos niveles de consumo.

En los EEUU hay decenas de millones de personas bajo los límites de la pobreza que establece el propio gobierno, cifra que no para de crecer fuertemente en los últimos años, especialmente entre niños y jóvenes.

El conjunto de los indicadores económicos y sociales muestran un retroceso en las condiciones de vida de las masas.

En este contexto se da el ascenso de la figura de Trump. Lo que ha ofrecido a quienes lo votan es una explicación sencilla de los problemas que enfrentan acompañada de supuestas soluciones sencillas. Ante el retroceso económico, ante el retroceso en las condiciones de vida de las masas, ofrece culpables a los que se puede atacar para recuperar lo perdido.

Ante el proceso de desindustrialización los culpables serían los países que comercian con EEUU y la solución es ponerles aranceles. Ante el crecimiento del desempleo y el retroceso en la calidad del empleo y el nivel de los salarios, los culpables serían los inmigrantes y hay que echarlos. Ante el deterioro generalizado de la vida social, que tiene como una de sus expresiones más visibles el fenómeno de la drogadicción, los culpables serían los narcos latinoamericanos, especialmente algunos presidentes que querrían destruir EEUU y la solución es sacarlos del poder, bombardearlos, y someterlos al poder del estado norteamericano.

 

Por supuesto que las medidas que ha tomado el actual gobierno norteamericano no han resuelto ninguno de estos problemas, en todo caso los han agravado y generado otros.

Por ejemplo las brutales acciones de las fuerzas armadas federales, enmarcadas en la política contra inmigrantes ordenadas por el gobierno central encabezado por Trump, en diversas ciudades y estados gobernados por demócratas, han generado fuertes cruces políticos y pleitos judiciales generando un ambiente político extremadamente agitado a nivel interno.

 

En este contexto un elemento no menor es el de las elecciones legislativas a realizarse en EEUU en este año 2026.

El actual gobierno cuenta con mayoría en ambas cámaras del parlamento, lo cual le asegura una tranquilidad para llevar adelante sus políticas que se podría romper si esas mayorías se pierden.

Claramente un triunfo de los demócratas no cambiaría en nada esencial la política norteamericana. Los demócratas, por más que algunos sectores progres de latinoamerica quieran presentar como algo distinto, “más de izquierda”, han demostrado a lo largo de toda su historia que son tan decididos como los republicanos en la defensa de los intereses de la gran burguesía yanqui, y no han dudado nunca en someter y atacar de todas las maneras a los pueblos oprimidos, en iniciar, mantener y profundizar guerras en todo el mundo con ese fin.

 

Dicho esto, obviamente en la disputa por quienes son los que gozan de los beneficios de administrar el estado de la que sigue siendo, aún en retroceso en muchos aspectos, la potencia imperialista más poderosa del mundo, hace que los demócratas y republicanos aprovechen siempre cualquier oportunidad para sus disputas electoreras.

En este sentido una posible conquista de la mayoría aunque sea en alguna de las cámaras del congreso por parte de los demócratas es algo que Trump quiere evitar a toda costa.

La necesidad de presentar ante sus votantes resultados concretos y espectaculares en por lo menos alguna de sus políticas es un elemento a tener muy en cuenta al analizar el secuestro de Maduro y el hecho de que el mismo haya sido llevado como trofeo para ser humillado por todo lo alto en los tribunales de Estados Unidos.

 

Estas necesidades políticas del actual gobierno empalman claramente con las necesidades económicas y geoestratégicas que tiene EEUU, como potencia hegemónica en retroceso, de reafirmar su control sobre las zonas sobre las que históricamente ha ejercido su dominio, en particular Latinoamérica.

 

En este sentido, la atención del gobierno de EEUU hacia nuestra región se ha vuelto mucho más intensa y agresiva en los últimos tiempos y en ese contexto se da la agresión contra Venezuela.

 

Hay varios hechos políticos que permiten visualizar mas claramente esto:

 

Marco Rubio asume como Secretario de Estado del nuevo gobierno de Trump, es decir como máximo responsable de ejecutar la política exterior de EEUU.

Rubio, aparte de pertenecer al ala más radical de la derecha del Partido Republicano, es de origen cubano y ha impulsado constantemente un aumento de la injerencia y la agresión yanqui sobre Cuba y sobre el conjunto de Latinoamerica.

En una de las primeras acciones en su cargo, en febrero del 2025, viaja a Panamá a transmitir directamente la amenaza de recurrir hasta a acciones militares abiertas para eliminar la presencia China en el canal interoceánico.

Las presiones norteamericanas iban concretamente dirigidas a la presencia de empresas chinas en el control de puertos estratégicos para el control del canal. El gobierno panameño asumió el compromiso de impulsar el traspaso de los puertos a empresas bajo control norteamericano.

 

En el mismo sentido de asumir una injerencia abierta y directa sobre las políticas de los países latinoamericanos, el gobierno de Trump interviene explícitamente, combinando amenazas y promesas en diferentes procesos electorales. Interviene explícitamente en las elecciones legislativas de Argentina y en las elecciones presidenciales de Honduras.

 

En noviembre de 2025 el gobierno de EEUU publica un documento de actualización de su doctrina de seguridad nacional, donde explícitamente sostiene la necesidad para ese país de controlar los recursos estratégicos latinoamericanos reforzando su injerencia sobre esta zona.

Se retoma así, el discurso de América para los americanos, expresado por la doctrina Monroe, que no es más que el planteo explícito de considerar a nuestra región como zona de influencia de los EEUU, rechazando la injerencia de cualquier otra potencia imperialista en la misma.

 

 

 

 

- Venezuela, crisis económica y social desde hace años. El régimen chavista se mantiene como estructura hegemónica mediante control de FFAA, de la vida social y económica. Han demostrado estar dispuestos a todo para mantenerse en el poder.

 

Desde la CGI hemos denunciado reiteradamente el carácter del chavismo, bajo el gobierno de Maduro, pero también bajo el gobierno de Chavez. Ya desde la época de bonanza económica debida a los altos precios del petróleo, aclarábamos que más allá de elementos discursivos anti imperialistas, el chavismo era un proyecto capitalista, que buscaba asegurar el beneficio de la renta petrolera venezolana para algunos sectores burgueses que se plegaron al mismo desde el inicio y a nuevos burgueses surgidos de la propia élite de la burocracia estatal chavista.

El llamado socialismo del siglo XXI no era ni por asomo un proyecto socialista sino capitalista, por lo tanto no era anti imperialista, sino que buscaba ampliar el abanico de potencias imperialistas con las que la burguesía venezolana se aliaba para explotar a su pueblo. Señalábamos que ni siquiera se podía hablar de un proyecto realmente nacionalista, ya que no procuró nunca romper el carácter de país productor de materias primas sometido a los intereses de las potencias imperialistas, al contrario, el proceso chavista llevó a la profundización de la primarización de la economía venezolana y su dependencia de la producción petrolera, producción petrolera en la que ni siquiera se ha mantenido los niveles de inversión necesarios para asegurar su funcionamiento y ha tenido una caída constante en los últimos años.

 

Sobre todo señalábamos que el seguidismo a este tipo de procesos de carácter capitalistas, envueltos en una retórica populista, solamente podían llevar al debilitamiento de los niveles de conciencia, de organización y de lucha de las masas populares.

La brutal impotencia del pueblo venezolano ante esta agresión yanqui, pero también la enorme debilidad demostrada por el conjunto de nuestros pueblos ante el avance de todo tipo de políticas anti populares en la región en los últimos años son una triste prueba de lo cierto de esa afirmación.

 

Estas políticas sentaron las bases para la fortísima crisis económica que sufre el país hace ya más de una década, comenzando en realidad a manifestarse antes de la muerte de Chavez, pero que se muestra en toda su crudeza durante el gobierno de Maduro.

Un dato que ilustra la magnitud de la crisis económica en que se sume Venezuela de la mano del chavismo es la migración de casi ocho millones de venezolanos en los últimos diez años.

Mientras pasaba esto la élite chavista, Maduro, Cabello, los principales dirigentes civiles y militares del chavismo, se convertían en multimillonarios, amasando fortunas de cientos o incluso miles de millones de dólares.

La élite chavista y el resto de la burguesía venezolana afín al régimen, utilizó el aparato estatal venezolano para apropiarse de cientos de miles de millones de dólares de renta petrolera, mientras el conjunto de su pueblo se sumía en la miseria.

 

Por supuesto que esta situación generó descontento y pérdida de popularidad del chavismo. Sin embargo la debilidad de las sucesivas alternativas de derecha tradicional que fueron surgiendo, que nunca contaron con real apoyo de las masas y la ausencia de una alternativa real por izquierda que enfrentara decididamente al chavismo sin caer en concesiones a la derecha tradicional, facilitó la tarea de la élite chavista para mantenerse en el poder.

 

El control del enorme aparato represivo, que como se vio claramente es absolutamente inútil para defender la soberanía venezolana ante un ataque externo ya que está, como los aparatos represivos de todos los países de nuestra región, destinado, diseñado, equipado y entrenado para reprimir a su propio pueblo, ha asegurado al chavismo su perpetuación en el poder, más allá de resultados electorales.

A su vez todos los principales resortes de la economía venezolana permanecen en manos de los dirigentes chavistas, en particular de los altos mandos militares, lo que obviamente es un factor importante en el mantenimiento de su lealtad al régimen.

 

La cúpula del chavismo ha recurrido a todo tipo de medidas para mantenerse en el poder por décadas en Venezuela. Ahora ha recurrido hasta a entregar a su propia cabeza visible, para desarrollar un giro radical en su política de alianzas, convirtiéndose en aliados confiables del gobierno de EEUU, dándole la espalda a China, quien fuera su socio principal durante las últimas décadas, todo para asegurar el mantenimiento de sus privilegios.

 

 

- Lo mismo pasa con la reacción del conjunto de los gobiernos y fuerzas políticas progres. Petro como ejemplo.

 

Los gobiernos que se identifican de alguna u otra manera como progresistas tuvieron como máxima reacción ante la brutal agresión imperialista sobre Venezuela, la publicación de una declaración donde se limitan a reivindicar el cumplimiento del derecho internacional y a una solución pacífica del conflicto.

El hecho político que implicó el bombardeo de la capital de un país de la región y el secuestro de su presidente llevado a los EEUU para ser exhibido como trofeo de guerra, todo lo cual constituye directamente un acto de guerra contra Venezuela, demuestra que el derecho internacional no es más que una careta tras la cual se oculta la verdadera dominación imperialista sobre todos nuestros pueblos. Un llamado a una solución pacífica a una agresión imperialista que ya se ha consumado como acto de guerra es lisa y llanamente ridícula y solo puede hacerse para cumplir la formalidad de decir algo mínimamente crítico, que cubra tímidamente el hecho de que todos los gobiernos de la región son cómplices del imperialismo que somete a nuestros pueblos.

 

El ejemplo más triste de lo que es el progresismo, es el del presidente de Colombia, Petro, que desde ya hace un tiempo, en el marco de su campaña electoral para las elecciones que se realizaran este año, había asumido una retórica confrontativa con el gobierno yanqui. Sin embargo, pocos días después de la agresión contra Venezuela, sale públicamente a decir que su visión sobre la situación de ese país no es muy diferente a la de Trump y se muestra exultante porque el presidente de EEUU lo llamara y aceptara que fuera a la Casa Blanca a darle explicaciones.

Esto es en lo que el progresismo educa a nuestros pueblos, en festejar que el amo imperial les de el privilegio de ir a arrodillarse personalmente frente a él.

 

Claramente esta concepción política, que impulsa el abandono de las posiciones de lucha con la retórica de la conciliación de clases, que actúa constantemente para encauzar la bronca y el descontento popular hacia las expectativas electorales dentro de la institucionalidad burguesa, que actúa todo el tiempo para aplacar el odio de clase, sustituyéndolo por el conformismo, por la búsqueda de lo menos peor, solamente puede llevar a debilitar las fuerzas populares.

Lo único que es capaz de ofrecer el progresismo a nuestros pueblos, ante la agudización de la agresión imperialista es desánimo, impotencia, resignación.

Y esta concepción política es la que lleva décadas hegemonizando al movimiento popular en toda la región por lo cual el daño tremendo que le ha hecho a la conciencia, a la capacidad de organización y de lucha de nuestros pueblos es enorme.

 

La actual situación de impotencia de los pueblos latinoamericanos para reaccionar ante la humillación impuesta por los yankis constituye una muestra de este proceso mucho mas profundo, es la misma debilidad de las fuerzas populares que se muestra al no ser capaces de enfrentar realmente las políticas anti populares que todos los gobiernos están llevando adelante.

 

En momentos en que la agresión imperialista sobre nuestros pueblos asume nuevamente su cara más abiertamente violenta, en momentos que el saqueo se profundiza en todas sus formas, en momentos que los planes de ajuste, las reformas laborales, el conjunto de las políticas anti populares que impulsan todos los gobiernos se agudizan, nos encontramos con que los progresistas han logrado en todas estas décadas, con su hegemonía sobre los movimientos populares, ya sea ocupando los gobiernos o constituyendo la oposición política a los mismos, llevar adelante un profundo proceso de desarme de las fuerzas populares, en lo ideológico, político y organizativo, a todos los niveles.

 

 

- El seguidismo de la izquierda a los progresismos como camino sin salida.

 

Ante la hegemonía de las diferentes variantes progres sobre los movimientos populares, la gran mayoría de los sectores que se presentan como de la izquierda radical ha venido llevando desde hace décadas una política de seguidismo, que los anula completamente como posibilidad de superación de la situación actual.

 

Como ejemplo muy claro de esto, vemos que con planteos como el de que “no hay que criticar al peronismo, porque las masas son peronistas” ya que habría que pegarse a la capacidad de movilización de los aparatos peronistas para supuestamente enfrentar a la derecha, primero con Macri y ahora con Milei, lo que hace la gran mayoría de la izquierda argentina, en realidad, es actuar todo el tiempo a favor de tratar de renovar las expectativas populares en la posibilidad de un triunfo electoral peronista, que llevaría a un gobierno un poco menos malo.

Lo mismo pasa en todos los países de la región, con el llamado a unirse detrás de los progres, supuestamente para enfrentar a los gobiernos de derecha de turno, lo cual ha llevado una y otra vez a recambios de gobierno que llevan adelante las mismas políticas anti populares una y otra vez, lo único que ha hecho esta izquierda es profundizar aún más la sensación de impotencia, de desaliento entre las masas, reforzando la idea de que no es posible algo más, que no es posible realmente pasar a luchar por la conquista de un mundo mejor.

 

Ante la agresión imperialista, como ante todo lo demás, esta izquierda ha salido desesperada a buscar pegarse en el discurso a los progres, sin ser capaz de generar ninguna capacidad de respuesta propia, sin poder proponer ningún camino alternativo, para encauzar la indignación de amplios sectores populares hacia la lucha.

 

 

 

- La necesidad de levantar una alternativa revolucionaria, anti imperialista y por el socialismo

 

La agresión imperialista contra nuestros pueblos no parará de agudizarse, la profundización del saqueo de los recursos se hará por todos los medios que consideren necesario, la violencia mas brutal se seguirá desatando sobre las masas populares, la pobreza, la miseria, el hambre se continuarán extendiendo.

No hay ninguna variante de gobierno capitalista que vaya a cambiar esto.

El reformismo continuará trabajando para que los pueblos nos pongamos de rodillas para aceptar mansamente este destino.

 

Ante este panorama se plantea ineludiblemente la necesidad de re construir la capacidad de lucha popular y esto implica un desarrollo radical a nivel de conciencia de las masas, de su capacidad de organización y de lucha.

Es necesario volver a impulsar el odio de clase, el odio hacia el imperialismo, como motor de la la lucha popular.

Es necesario volver a impulsar el que nuestros pueblos visualicen la posibilidad de una vida radicalmente diferente, un mundo donde no existan los explotadores, un mundo sin miseria, un mundo sin capitalismo.

 

Es necesario asumir el momento de profundo reflujo que enfrentan las masas populares para comenzar a revertirlo.

Para esto no hay más camino que romper la política de seguidismo al reformismo y asumir una política guiada por la independencia de clase, por el odio hacia el enemigo de clase, por la búsqueda de la construcción de las herramientas necesarias para derrocar a la burguesía.

 

Hay que asumir la necesidad de re construir la organización de las masas para la lucha, hay que asumir la tarea, larga y difícil de re construir las herramientas organizativas del movimiento obrero y popular, arruinadas por el reformismo.

 

Hay que asumir la tarea de construir alternativas políticas serias, creíbles, visibles para las masas que puedan aportar una visión de conjunto de la lucha de clases que contra ponga directamente contra la hegemonía progresista.

 

Para todo esto, desde la CGI reafirmamos una vez más que, en nuestra concepción, la respuesta a la pregunta de por donde empezar? es el llamado a la militancia más consciente, a quienes tienen mayores deseos de luchar y vencer al imperialismo, a asumir la construcción de organización política revolucionaria.

 

Contra la agresión imperialista contra el pueblo de Venezuela, contra los pueblos latinoamericanos y contra todos los pueblos del mundo, contando con la complicidad imprescindible del progresismo en cualquiera de sus variantes, la única salida es transformar el desaliento y la resignación en odio al enemigo de clase y en esperanza en la posibilidad cierta de triunfar y conquistar un mundo socialista. Para esto hay que transformar la pasividad y la impotencia, en lucha sin cuartel de nuestros pueblos contra las fuerzas imperialistas y sus alcahuetes locales, para lo cual hay que dejar de una vez de lado el seguidismo al reformismo.

 

Contra el imperialismo, enemigo de la humanidad, hay que organizar la revolución socialista.

 

COORDINADORA GUEVARISTA INTERNACIONALISTA

 

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