

El Moncada nos mostro
el camino a recorrer
y desde aquel alto ejemplo
para nosotros siempre es 26
Cuando abordamos el proceso revolucionario en Cuba, sin dudas existen una columna vertebral de hechos relevantes al mismo, antes del triunfo en el año 1959 y posterior al mismo, de fuerte impacto, no solo para la isla, sino que también para toda nuestra América y el mundo por lo que significó aquella revolución triunfante.
No es el objetivo de esta declaración centrarnos en lo que ha devenido de aquel proceso hasta el día de hoy, y no por una cuestión de evadir el debate, porque en anteriores oportunidades nos hemos expresado en torno a los procesos de burocratización, la política económica, etc, sino porque consideramos que esto debería implicar un amplio debate e intercambio que no es el objetivo de este material.
Si nos parece oportuno tomar lo que significa el 26 de julio y la vigencia de los muchos planteos y acciones en torno al mismo.
Está claro que desde hace años asistimos a un reflujo de lo que es la lucha de clases. Mientras en el seno del movimiento obrero y sectores populares se consolidan las ideas de la conciliación de clases, la posibilidad de humanizar el capital, la alternancia en los gobiernos entre aquellos más neoliberales, un poco menos neoliberal, populistas, progresistas, y un largo etc, sin dudas lo que son las ideas de la necesidad de luchar por la revolución y el socialismo se encuentra en franca minoría, y en un sinfín de ocasiones bastardeadas considerando a estas como una utopía, ideas sesentistas, o cuestiones que la historia ya perimió. Como consecuencia florece en el imaginario la idea de que otra sociedad es imposible de construir e invade el derrotismo.
Sin embargo, si hay algo que no solo la historia de la lucha de la clase obrera, sino de aquellas que hoy son la clase explotadora y opresora demuestra, es que estos procesos de luchas estarán constituidos por avances y retrocesos, victorias y derrotas, y sobre estas últimas es de donde más debemos aprender para corregir a futuro. Tenemos en nuestras manos infinitos procesos de luchas que con su experiencia han ido acumulando a lo que más temprano que tarde será el triunfo de los explotados y oprimidos contra este sistema que nos condena a ello.
Y Fidel Castro lo expresa muy claro en el propio devenir del proceso cubano. En múltiples oportunidades hace referencia a la acumulación teórica y práctica con la cual cuenta el proceso del cual él junto al pueblo cubano forma parte. Por tomar un ejemplo, en una entrevista con Ignacio Ramonet denominada “cien horas con Fidel” ante la primera pregunta del autor ¿se puede decir que aquel 26 de julio de 1953 empezaba la Revolución Cubana? Fidel Castro inmediatamente responde “no sería absolutamente justo, porqué la Revolución Cubana comenzó con la primera guerra de independencia en 1868”. Más adelante en la entrevista Ramonet afirma “aunque aquella guerra se pierde, con ella usted dice que con ella comienza la Revolución Cubana” a lo cual Castro vuelve a responder “Ahí es donde nosotros decimos que comienza la Revolución. Para nosotros comienza la gran lucha”. Y a partir de allí realiza un extenso análisis de lo que significaron las luchas tanto de Carlos Manuel de Céspedes para desembocar en 1895 y la segunda guerra bajo la influencia de José Martí. Ambos procesos sin dudas no lograron sus objetivos, y ya en la guerra de Martí contra un colonialismo español en franco retroceso, el protagonismo lo asumiría Estados Unidos, y una política cada vez más expansionista de dominio sobre los territorios en primera instancia de los países centroamericanos a través de una fuerte política del garrote para posteriormente durante el siglo XX hacerla extensiva a su patio trasero, es decir, extender su dominio al resto de nuestra América. En síntesis, de aquellas experiencias de luchas que culminaron con derrota para los cubanos, se extraen aprendizajes, virtudes y errores, que abonaran hacia aquel flujo que se expresa entre otros tantos hitos en el 26 de julio con el Asalto al Cuartel Moncada.
Es que incluso aquella acción planificada con antelación, de asaltar una fortaleza como lo era el Moncada terminó en derrota, pero eso no impidió que se convirtiera este hecho en un impulso para la continuidad de la lucha que desembocaría en el triunfo de 1959. Lo que había sido panificado para ser un golpe certero contra la dictadura de Batista, con más de 100 hombres preparados, entrenados durante meses, que entrarían disfrazados de militares para generar confusión, atacando apenas comenzara el día para aprovecharse del factor sorpresa, utilizando a su favor el carnaval que se festejaba en aquellos días y permitía disimular en aquel flujo de gente, bastaron un par de minutos y un auto de la policía que no se esperaba allí, para que toda aquella acción y lo planificado se fuera por la borda, y murieran 5 guerrilleros en combate y más de 50 fueran tomados prisioneros y ejecutados por los esbirros de Batista.
Sin embargo, a pesar de aquel desconcierto, parte del grupo que sobrevive con Fidel Castro a la cabeza, no retrocede en su ansía de lucha y decide movilizarse hacia otros lugares para volver a lanzar la lucha. Finalmente, Castro junto a otros combatientes caerían en manos de las fuerzas de Batista y allí comenzaría el periplo entre la prisión, el exilio a México, el Granma, Sierra Maestra y un largo recorrido que terminaría con el triunfo.
Aquel 26 de julio también ponía de manifiesto que, para romper las cadenas de la explotación y opresión del pueblo cubano, era imprescindible la lucha contra la oligarquía local, encarnada en sus intereses con el imperialismo norteamericano, desnudando a su vez que ya sea con gobiernos elegidos en el marco de la democracia burguesa, así como con abiertas dictaduras como la de Fulgencio Batista instalada antes del Moncada, unos y otros no hacían más que satisfacer los intereses de los explotadores y opresores.
Durante todo el siglo XX la injerencia de Estados Unidos en la isla no paró de crecer. Injerencia económica y política claro está. Desde el momento que por medio de la Enmienda Platt disposición legal votada en 1901 por el Congreso de los Estados Unidos y agregada a la Constitución de Cuba de 1901, hasta el manejo de un sistema político basado en los pilares de la abierta corrupción y clientelismo, Estados Unidos da el visto bueno a quienes considera apropiados para gobernar la isla, siempre y cuando se demuestre propicio a mantener sus intereses salvaguardados. A nivel económico, los norteamericanos dominan todos los aspectos, desde ser propietarios de un enorme porcentaje de las mejores tierras cultivables (con el latifundio como principal característica) hasta la principal producción que se obtenía de la misma, es decir, la producción azucarera. Si en 1914 las empresas norteamericanas son dueñas de 38 centrales que producen el 38% del azúcar de Cuba, en 1927 tienen no menos de 75 centrales, con el 68.5% de la producción. El capital norteamericano toma el control de varios sectores estratégicos de la economía cubana; además del azúcar, lo hace en la minería, los servicios públicos, la banca, la deuda externa. Son los dueños casi absolutos de las empresas de electricidad, teléfonos, industrias energéticas varias (carbón, petróleo, alcohol); así como de la mayor parte de los ferrocarriles y fábricas de cemento, tabaco, conservas, etc.
Condenan a Cuba a la más mínima expresión de desarrollo industrial (casi inexistente), forzándola al monocultivo y la dependencia del precio del azúcar.
Cuando el asalto al cuartel Moncada sale fallido, y Fidel Castro termina preso, en su alegato el cual trasciende el tiempo denominado la historia me absolverá, el autor describe las condiciones materiales a las cuales son condenados los cubanos como consecuencia de la penetración imperialista y la complicidad de la oligarquía local. Cuando describe los principales problemas refiere a Nosotros llamamos pueblo si de lucha se trata, a los seiscientos mil cubanos que están sin trabajo deseando ganarse el pan honradamente sin tener que emigrar de su patria en busca de sustento; a los quinientos mil obreros del campo que habitan en los bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar y cuya existencia debiera mover más a compasión si no hubiera tantos corazones de piedra; a los cuatrocientos mil obreros industriales y braceros cuyos retiros, todos, están desfalcados, cuyas conquistas les están arrebatando, cuyas viviendas son las infernales habitaciones de las cuarterías, cuyos salarios pasan de las manos del patrón a las del garrotero, cuyo futuro es la rebaja y el despido, cuya vida es el trabajo perenne y cuyo descanso es la tumba; a los cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre tristemente como Moisés a la tierra prometida, para morirse sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como siervos feudales una parte de sus productos, que no pueden amarla, ni mejorarla, ni embellecerla, plantar un cedro o un naranjo porque ignoran el día que vendrá un alguacil con la guardia rural a decirles que tienen que irse; a los treinta mil maestros y profesores tan abnegados, sacrificados y necesarios al destino mejor de las futuras generaciones y que tan mal se les trata y se les paga; a los veinte mil pequeños comerciantes abrumados de deudas, arruinados por la crisis y rematados por una plaga de funcionarios filibusteros y venales; a los diez mil profesionales jóvenes: médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, pedagogos, dentistas, farmacéuticos, periodistas, pintores, escultores, etcétera, que salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida, cerradas todas las puertas, sordas al clamor y a la súplica.
¡Ése es el pueblo, cuyos caminos de angustias están empedrados de engaños y falsas promesas, no le íbamos a decir: “Te vamos a dar”, sino: “¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sean tuyas la libertad y la felicidad!”
Han pasado 72 años de aquel 26 de julio de 1953 cuando se produce el asalto al Moncada. Lo que no pasa es la plena vigencia de la necesidad de luchar contra el imperialismo y sus aliados nacionales. Continúa ese imperialismo yanqui, en especial, atendiendo la realidad de nuestra América, apropiándose de nuestros principales recursos naturales, la tierra, el agua, nuestros minerales, etc. Continúa ese mismo imperialismo condenando a nuestros países a ser un eslabón más en la división internacional del trabajo y convertirnos en meros exportadores de materias primas dependientes del precio coyuntural de alguna de estas para tener alguna breve coyuntura económica que permita derramar. Continuamos con países sometidos por medio de la deuda externa, con un desarrollo industrial totalmente insuficiente obviamente como consecuencia de nuestro rol en el mercado mundial, y que decir de los millones y millones de nuestra América, condenados al hambre, la desnutrición, la precariedad habitacional, la agonía ante enfermedades curables, el analfabetismo, salarios y condiciones de trabajo que lo único que permiten es volver a trabajar al otro día para enriquecer los bolsillos de los parásitos capitalistas. Y en nuestra América, con gobiernos más abiertamente neoliberales, conservadores, otros autoproclamados progresistas, todos sin importar su autopercepción cumplen con las demandas de la burguesía imperialista y las burguesías nacionales.
Plena vigencia mantiene aquellas luchas que hoy debemos continuar contra este enemigo.
Aquel asalto al Moncada también pondría de relieve la necesidad de impulsar todos los métodos de lucha, desde la lucha estudiantil, la lucha política ante una dictadura que coartaba todas las libertades democráticas burguesas, la lucha sindical, pero sin perder de vista que el método principal, era la lucha armada. El mismo Fidel Castro diría “sobre la cuestión acerca de si la lucha armada es el único camino para la liberación lo que puedo responder es que por lo menos en las condiciones de nuestro país no había otro camino y en nuestra opinión en la inmensa mayoría de los países de América Latina no hay otro camino que la lucha armada”.
En aquel proceso el Moncada demostró necesidades plenamente vigentes al día de hoy. En primer lugar, la necesidad de la organización, la planificación rigurosa en todos los planos. En el contexto de una dictadura abierta para el asalto se llegaron a entrenar 1200 jóvenes, utilizando todo vestigio que fuera funcional al plan, decidiendo incluso dejar de reclutar y entrenar combatientes. Se buscó la disciplina y la unidad. El propio Fidel Castro reconoce que en aquel momento fue el primer revolucionario profesional del movimiento ya que estaba dedicado a tiempo completo a la tarea revolucionaria y finalmente sostiene sobre la ideología, “si nosotros no hubiéramos estudiado marxismo, si no hubiéramos conocido por los libros la teoría política de Marx y si no hubiéramos estados inspirados en Martí, en Marx y en Lenin, no habríamos podido ni siquiera concebir la idea de una revolución en Cuba, porque con un grupo de hombres ninguno de los cuales paso por una academia militar no puede usted hacer una guerra contra un ejército bien organizado, bien armado e instruido militarmente y obtener la victoria partiendo prácticamente de cero. Tales ideas fueron la materia prima esencial de la revolución.”
Continúa siendo plenamente vigente la necesidad de asumir la ideología de nuestra clase para el desarrollo de nuestras luchas. Atravesados hoy por todas las herramientas utilizadas por la burguesía para empaparnos en la ideología de los explotadores, continúa siendo una tarea esencial el asumir la ideología de la clase trabajadora. En ese sentido, quienes asumimos la necesidad de la revolución, debemos asumir la necesidad de prepararnos para una lucha, capaz de ser impulsada con todos los métodos que nuestra clase cuenta y bajo todas las condiciones, a sabiendas de las consecuencias que tendrán nuestras acciones en el momento que la burguesía vea amenazada su capacidad de dominio. Continúa siendo vigente la necesidad de prepararnos para el tomar del poder político.
Para las luchas que los explotados y oprimidos de nuestro país, América y el mundo llevamos adelante, siempre es 26.
JUVENTUD GUEVARISTA DEL URUGUAY
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